Nos lo debíamos. Casi dos años de estrecha colaboración con Euskádiz y un viaje en abril de este año que nos perdimos fueron suficientes motivos para arrancarle diez días de vacaciones al mes de agosto y tirar para el País Vasco cargados de recomendaciones, de folletos, de consejos; de todo como para diez meses. Y no exageramos, eran kilos de papel e infinitos bits.

Descubrir, lo que se dice descubrir, nos iba a ser difícil porque ya antes estuvimos allí y porque la información que maneja la maquinaría euskadiz.com y Antxón Urrestarazu a la cabeza, más seguidores y simpatizantes nos hace “teóricos” conocedores de mucho más de lo que podríamos experimentar, pero, aún así, echamos mano de aquella mirada que se usa para “la primera vez” y empeño en redescubrir parte de Euskadi. ¿Como viajeros expertos, como turistas al uso, como japoneses ávidos de hacer la mejor foto con su cámara nueva a golpe de “scenic drive”? Pues creo que aún no lo sabemos muy bien. Vamos a dejarlo en “nuestro diario de viaje al País Vasco”, una forma más de disfrutar, una forma más de contar lo que hicieron por ahí arriba dos de por aquí abajo.

Detalle plano de Bilbao-euskadiz

Jueves 14 de agosto. Llegada a Bilbao.

Mediodía. En este momento Bilbao se reduce a una mirada atenta al Tom-Tom del smartphone. Perdidos, señalar nueva ubicación, destino Calle Autonomía, perdidos otra vez, el hotel debiera estar aquí, nos hemos pasado, vuelta a la rotonda, esta vez no nos pasamos, ¡demonios!, nueva ubicación, ¿y aquí dónde se aparca? Por fin en el hotel, maletas fuera. Hora pasada de comer algo. Vamos callejeando, sin pensarlo mucho, dirección Licenciado Poza. El plano de la ciudad marca de color amarillo la zona (esto quiere decir Hostelería y Restauración) Las recomendaciones que llevábamos nos fallaron, que si un bar cerrado por reforma y otro, el Palas, la bodeguilla que nunca tuvo nombre, no hubo forma de localizarla, quizás por eso, porque no tenía nombre en la puerta, o porque estaba cerrada, o porque andábamos ciegos de hambre y era ya tarde. Nos quedamos sin porrón ni gildas, así que decidimos tomar algo en cualquier otro lugar. “Hola, buenas tardes, dos cañas y póngame uno de estos, otro de la bandeja aquella y dos de ahí” Y nos salimos a la terraza con nuestros respectivos platos y la caña. ¡Menudo estilazo, como para hacer creer a alguien que somos de Bilbao! ¿Cuántas veces nos habrán dicho que el txikiteo es otra cosa? Que si lo suyo es ir de sitio en sitio, un vinito, un pintxo y cambio de barra. Pues nada, primera metedura de pata al más puro estilo turista.

Amansados nuestros estómagos con unos cuantos pintxos más, retomamos este primer contacto con Bilbao en dirección Plaza Moyua, Gran Vía, hasta llegar a los Jardines de Albia, buscando el cercano Café Iruña y, de allí, al Café La Granja, donde repasar nuestras notas y organizar la ruta bajo el silencio del local.

Cafe la Granja-Bilbao-euskadiz

Como no llevábamos bastante información sobre Bilbao, nos cargamos con unos cuantos folletos más en la modernísima oficina de Turismo de la Plaza Circular. Estando en ella me dije a mí mismo: “si esta oficina refleja, de algún modo, lo que es Bilbao…esto me va a gustar” Y como somos de secano, no hay cosa que más nos llame la atención que este enfundador de paraguas que encontramos a la entrada.

Enfundador de paraguas-bilbao-euskadiz

La tarde transcurrió entre estampas del Bilbao más típico y encantador, sólo rotas, dadas las fechas, por el desenfreno en el montaje de las txosnas, casetas que regaban el Arenal y alrededores y que avisaban que el 16 de agosto comenzaba la Aste Nagusia.

Montando las txosnas-Bilbao-euskadiz

Estación de Santander (La Concordia), la Ría, Paseo del Arenal, Ayuntamiento, Iglesia de San Nicolás, Plaza Nueva, Teatro Arriaga, Plaza de Unamuno, Calzadas de Mallona y, en general, un animadísimo Casco Viejo al que volveríamos buscando el txikiteo y su afamada gastronomía. Al final, el Mercado de la Ribera, ese barco varado frente a la Ría que nos anunciaba una estratégica parada del tranvía cuando nuestros pies no podían más y gritaban descanso. No había nada más agradable que volver al hotel en él, recorriendo parte de la ciudad junto a la Ría, una panorámica desde el Casco Viejo hasta Abandoibarra (anuncio de otro Bilbao moderno y sorprendente), Plaza del Sagrado Corazón y final en Plaza La Casilla.

Ayuntamiento de Bilbao-euskadiz

La noche nos devolvió al Casco, caminando de nuevo, directos a la barra repleta de cazuelas del Restaurante Río Oja, otro de los sitios que nos habían recomendado. No nos pudimos resistir, bacalao al pil pil, txipirones en su tinta y un exquisito queso con membrillo. Mientras nosotros degustamos con tranquilidad nuestras cazuelas observábamos, con asombro y admiración, como un joven guiri rubio y blanquito se metía entre pecho y espalda una cazuela entera de fabes; rebañaba el plato con el resto de pan que le quedaba e inmediatamente pedía otra. Hasta los camareros estaban asombrados de tan potente aparato digestivo.

Vista de Bilbao-euskadiz

¿Terminar sin un GinTonic? La oficina de Turismo nos informó por la tarde del acontecimiento de esa noche: la inauguración del Espacio La Ribera, en el mismo Mercado de la Ribera, uno de los mayores bares acristalados de la ciudad con propuestas de música negra, jazz y blues, y gastrobar. Ya puestos ¿nos lo íbamos a perder?

Continuará…

Puedes seguir leyendo la siguiente entrega haciendo clic en este enlace: Diario de Viaje II. De la finca de Puppy al Puente Colgante.

Calzadas de Mallona-Bilbao-euskadiz

Nota: En los enlaces del texto podéis encontrar información adicional sobre lo que os hablamos, mucha de ella extraída de las distintas publicaciones de Euskádiz y seguro que mucho más seria y rigurosa para que cualquiera de vosotros/as podáis diseñar vuestra propio viaje a Euskadi.

Alberto Reina/Ángel Veas

Obra bajo licencia Creative Commons

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