El pasado sábado cogimos la mochila y la cámara de fotos y al más puro estilo de von Humboldt y los viajeros románticos de comienzos del XIX, nos dirigimos en el autobús de línea hasta la localidad gaditana de Medina Sidonia en busca de emociones y sensaciones, que sólo un lugar tan mágico y misterioso como la Asido Caesarina romana y la Siduna árabe puede provocar. A su vez, seguimos las huellas de un vasco de Irún, viajero, aventurero y mejor persona, Diego de Iparraguirre, cuyos restos descansan en el Convento que fundara allá por el año 1689. Pero Medina no es sólo su exuberante historia: hoy día es un lugar popular y acogedor lleno de encantos culturales y gastronómicos que os queremos mostrar en este reportaje.

«Viajar conservando siempre una visión rigurosa y a la vez exaltada del mundo».  Alexander von Humboldt (1769-1859)

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La ciudad

Medina Sidonia es una ciudad fascinante en muchos sentidos: su historia y el paso de grandes civilizaciones que dejaron un rastro todavía muy vivo, han creado un entorno monumental y artístico que emociona. Situada en el centro de la provincia de Cádiz, es punto de encuentro de muchos pueblos y culturas. Fue fenicia, más tarde romana y durante mucho tiempo musulmana, y alcanzó su mayor esplendor al convertirse en sede del Ducado de Medina Sidonia.

El entramado de calles estrechas se convierte en un laberinto que nos conduce, no sin esfuerzo, a la búsqueda de sus orígenes primitivos, al punto más alto de la colina donde se asienta. Mi paisano e historiador Garmendia Arruebarrena la describía así: “Medina Sidonia guarda muchas reliquias de su pasado. En lo más alto y encumbrado, desde donde se ve en la lejanía el mar roto en mil espejos, el castillo en ruinas, lienzos de murallas, su iglesia mayor con sus piedras grises afiligranadas, calles estrechas, plazas recoletas, casas y arcos macizos de cal..” “Merece de verdad una visita, no sólo del historiador, sino de cualquier persona dotada de la mínima sensibilidad…: se sumerge uno en el pasado, y desde la altura en que está emplazada, uno se cansa de mirar el paisaje…” .

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Aunque resulte prosaico para un viaje de naturaleza romántica, en Medina hay que empezar con un desayuno campero que nos dote de la energía suficiente para hacer frente a sus empinadas calles. Las ventas gaditanas, y en Medina hay un buen ramillete de ellas, son lugares únicos para satisfacer, en un entorno bullicioso y popular, los mejores apetitos: pan de campo, molletes, manteca colorá, zurrapa… Venta Machín, Venta del Carbón, la Duquesa y muchas más.

La Plaza Mayor:  armonía y belleza

Nuestra primera etapa arranca en lo más alto de la ciudad, en la plaza Mayor, un lugar tranquilo y acogedor presidido por uno de los mejores monumentos de la ciudad: la iglesia mayor o Santa María la Mayor, la Coronada, construida sobre la antigua mezquita. La iglesia es magnífica, una mezcla de estilos mudéjar (en el claustro), plateresco, herreriano,  con elementos barrocos. La fachada principal es majestuosa y dota a la plaza sobre la que se eleva de una belleza y armonía relajantes. No perdeos una subida al campanario para contemplar las mejores vistas de la ciudad, la campiña y la bahía de Cádiz.

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La iglesia principal, Santa María la Mayor Coronada, con la fina crestería de su piedra gris, las murallas, el castillo desmochado, constituyen, sin duda, lo más antiguo de la ciudad. Es desde aquí desde donde se deja ver en toda su extensión la hermosura del paisaje abarcando la vista horizontes dilatados y hasta la bahía de Cádiz, en que cabrillean y reverberan las aguas del mar”.

El magnífico entorno se completa con la Villa Vieja, el torreón de Doña Blanca y el castillo, actualmente en fase de excavación y en el que se superponen el castellum romano, restos del alcázar árabe y restos del castillo medieval. Ha valido la pena pegarse la “pechá” para contemplar este bellísimo conjunto artístico y arqueológico.

Tras la huella vasca

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPróximo a la plaza mayor se encuentra otro de nuestros destinos: el Convento Jesús, María y José, de las Agustinas Recoletas, que fundara en 1687 el capitán y rico comerciante irunés Diego de Iparraguirre (de quien podéis leer un post en nuestro blog) . Animado por la proximidad de mi paisano nos encaramamos a las azoteas colindantes, entre vecinos de una amabilidad fuera de lo común en nuestros tiempos y ciudades alocadas, para mejor fotografiar la planta del edificio: “Y varado como un gran navío, el convento de las liberalidades de Don Diego”. La visita al convento de clausura no se hizo esperar. Una experiencia única: conversaciones tras el torno, la llave que nos dio acceso a la iglesia octogonal donde fue enterrado el capitán de la Orden de Santiago en 1700, y unas monjas solícitas y amables que se atreven con internet y me piden la dirección del blog.

La vida social y comercial: la Alameda

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Descendemos por las empinadas calles hacia el núcleo urbano, centro de vida y bullicio en el que se congrega la vida comercial: un bonito y remozado Mercado se convierte en antesala de la coqueta y alegre plaza de España, más conocida como Alameda, lugar de encuentro diario de los asidonenses y cobijo de algunos de los lugares señeros de la ciudad: el magnífico Bar Cádiz, el típico Paco Ortega y sus chicharrores, la panadería con el “pan de Meína” o la tienda de alfajores de “la Sobrina de las Trejas”, entre otros, rodean la bonita plaza trapezoidal que preside el magnífico edificio manierista del siglo XVII y actual ayuntamiento. Todo el centro urbano es un deleite para los sentidos: los patios y casapuertas desbordantes de flores, los cientos de pequeños detalles artísticos de sus esquinas y rincones: llamadores de puertas, columnas esquineras, caras y figuras de piedra, escudos y balcones de forja, como en la coqueta calle de La Loba, enriquecen un conjunto artístico desbordante.

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La gastronomía asidonense

La gastronomía de Medina merece una atención especial y todo un tratado: el rabo de toro, las carnes de caza, perdices y conejos, las tagarninas y sus dulces de tradición árabe (amarguillos y alfajores entre otros), sus bares de tapeo y, en especial, las magníficas ventas situadas en los arranques de la colina, merecen por sí mismo una visita a la localidad. Nosotros recorrimos unas cuantas, tapeamos al más puro estilo gaditano, y terminamos con un excelente postre en la Venta del Duque, junto a la estación de autobuses. El «libro de recetas de Medina y la Janda» de Antonio Pérez Flor, que compramos en la oficina de turismo, contribuirá a enriquecer nuestra sección gastronómica del blog: las recetas de Arantza

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Asido Caesarina: el conjunto arqueológico romano

Seguimos descendiendo por la preciosa calle de La Bola y llegamos al final de nuestro recorrido por hoy, en el barrio de Santiago. El esbelto Arco de la Pastora actúa de umbral de la última maravilla por disfrutar: el conjunto romano formado por las cloacas, los criptopórticos y la fascinante calzada romana. La experiencia es asombrosa y emocionante; nos encontramos con infraestructuras equivalentes a las más importantes ciudades romanas de la historia, lo que da una idea de lo que se encuentra por debajo de la actual ciudad de Medina y la 08-medina-sidonia-euskadizimportancia que tuvo en ese periodo histórico. Sólo la contemplación de este conjunto, todavía en una fase inicial, merece una visita a la ciudad.

Quedan cosas por visitar y descubrir: la ermita visigoda, el museo etnográfico, las caballerizas del Duque, las huellas de Thebussem, las reses y ganaderías bravas de sus campos. Al despedirnos de la guía del museo, nos anuncia un acontecimiento que invita a volver próximamente: el último fin de semana de julio y el primero de agosto se celebran las jornadas de puertas abiertas en horario nocturno, las noches blancas, con entrada gratuita a los conjuntos y monumentos de la ciudad. Por favor, no os lo perdáis. El acompañamiento gastronómico está garantizado. Pues ya lo sabéis: aquellos que visitéis la provincia y os animéis a hacer turismo por Cádiz, tenéis una cita en esta magnífica Asido Caesarina y Siduna sumergidas, sobre las que descansa una ciudad llena de encantos y gentes acogedoras. La buena oferta de alojamientos rurales con que cuenta os ayudará a descansar de la agotadora jornada «alpina».

 Antxon Urrestarazu

Obra bajo licencia Creative Commons

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